“Nunca corras detrás de él amor, cariño ni atención. Si otra persona no te lo da de gratis, no vale la pena.” ~ Desconocido (no se quien carajo escribió eso)
Nos conocimos en uno de eso pubs de Puerto Rico que una vez cada 3 meses matan a alguien, que tenía esos billares con la tela rota y las medallas estaban caliente.
La galla estaba buenísima. Eso lo noté en cuanto entré. Pero todavía no sabía si íba a caerle porque los mensajes que habíamos intercambiado eran más escasos que mis ganas de hacer ejercicio un lunes por la mañana.
Resulta que sí había de qué hablar.
La conversación fluía de un tema a otro como cuando pasas de un canal a otro sin control remoto (como carajo haces eso? ) lol desde su pasión por la biología en la universidad hasta cómo yo trataba de dominar el arte de conducir un cabron carro de transmisión manual, y cómo los dos éramos apasionados por escribir/poner palabras al papel.
La chamaca era bien elocuente, chistosa, sociable y bien humilde. Me gustaba su intelecto (siempre fui un sapiosexual). Su labia. Eso de que parecía bien sincera y que le metía a temas poco convencionales como el beneficio ambiental de comer insectos y el sexismo en la industria de la taxidermia.
Me la traje pa’ mi apartamento en Virgilio después; le cociné. La conversación se puso más seria. Me contó cómo la depresión de su papá la afectó de chiquita; cómo ella se tomaba personal los momentos que él se ponía callado. Yo le conté algo de la inestabilidad que yo viví de niño.m y se como mi infancia estuvo un poco jodida.

Screenshot
La noche terminó en un revolú. Nada como desahogar los traumas pa’ que sirva de afrodisíaco, ¿no? La estruja que nos dimos ambos fue de película faltaban las cámaras.
Un par de semanas después tuvimos otra cita. Yo me sentí igual de emocionado después. Pero antes de la tercera ya me estaban entrando las dudas porque ella estaba como que a lo que salga, sin comprometerse lo más extraño que era orgánico pero nada de el mes que viene.
Pero yo me las quité de la cabeza porque verla me llenaba de una sangre perdón de alegría que me daba hasta cosquillas lol Esa interacción me impulsaba toda la semana con un ánimo que ni el café de la mañana me daba.
Así que seguimos saliendo y guayando con locura.
Ella me llevaba flores, si así como lo leen la chamaca me regalaba flores y tenis lol Me alzaba en el aire cuando nos besábamos, cosa que yo amaba. Me decía que yo era “algo muy bueno en su vida” bien extraño no?
El último día que la vi, nos fuimos a pasear a la perla por qué para ese tiempo fumaba si nos pasamos por los chinchorros de allí y en San Juan.
El sol nos daba en la cara mientras compartíamos las medallas caliente en la terraza de atrás teniendo lo que se sentía como una conversación bien sincera sobre patrones de intimidad, miedos y bellaqueo (ustedes me conocen) Ella estaba trabajando en los de ella, dijo. Yo reconocí algunos de los míos también.
Cuando me pidió si podía besarme (por cuarta vez ese día) mientras abríamos las latas, recuerdo lo bien que me hizo sentir eso de sentirme deseado a quien no le gusta sentirse deseado?
Me llevé esa sensación cabrona y efervescente conmigo al otro día. Todavía la tenía cuando abrí un mensaje de ella por email por cierto fue hace muchísimo lol pero se me hizo pedazos cuando leí lo que decía.
Que no podía seguir viéndome. Que no estaba en el lugar emocional correcto.
No eres tú, soy yo. Eso lo leí como un eco por que lo había escuchado en películas, en novelas, en historias de amigos “no eres tú, soy yo”
Todos conocemos ese cuentito.
No era la primera vez que me dejaban caer desde la Torre de hato rey en la que una mujer y yo nos habíamos estado agarrando como si no hubiera un mañana.
Esta mujer era solo una más en un patrón. Puedes llamarlo vínculo traumático, relación de hielo y fuego, el perreo ansioso. Estas dinámicas de tira y empuja que se dieron durante mis veintes tenían un poco de todo.
Un día la persona se abría. Conectábamos y se sentía como si yo la hubiera visto de verdad, y ella me había visto a mí.
Al otro día ella se alejaba (aunque no hubiera habido una pelea clara). El contraste era bien confuso. El cambio te descolocaba por completo.
Según Healthline, “Reconocer la falta de disponibilidad emocional puede ser bien difícil. Muchas personas emocionalmente no disponibles tienen un don para hacerte sentir bien contigo mismo y con esperanza sobre el futuro de la relación.”
Siempre que estas situaciones se venían abajo, yo quedaba hecho pedazos. Sentimientos que yo esperaba haber enterrado pa’ siempre resucitaban entre ellos, la duda de que alguien algún día me iba a elegir y aceptar por completo. (Eso pasó) pero es otra historia.
Y sin embargo, esas “conexiones” eran bien difíciles de soltar una vez que se formaban. Desde mi perspectiva, la mujer y yo solíamos tener una química bien fuerte. Las palabras fluían. Hablábamos de cosas vulnerables, pero también podíamos reír y disfrutar de las cosas más ligeras de la vida. Eran mi tipo físicamente. La fuerza percibida de nuestra conexión me obligaba a quedarme.
Me tomó un tiempo darme cuenta de que cada relación de este tipo en la que yo permanecía le hablaba a partes mías que aún estaban sin sanar y si alguien a tenido una vida dificultosa he sido yo el que me conoce lo sabe.
Parte de la sanación que he hecho estos últimos años implicó mirar el papel que yo jugaba en ellas. Implicó darme cuenta de que yo también contribuía al ciclo al seguirle dando oportunidades a una persona que no podía (o no quería) ayudarme a cubrir mis necesidades y sobre todo las de ellas mismas.
Yo contribuía al quedarme y esperar que la situación cambiara. Que las nubes que bloqueaban su atención e inversión completa se fueran como por arte de magia. Que se fueran para revelar al sol que había estado esperando todo el tiempo para envolver mi corazón con sus poderosos rayos.
Yo contribuía al no poner límites. Por ejemplo, en una de estas situaciones sentía que me había convertido en el terapeuta de la chamaca, ahí para tranquilizarla cuando las dudas la invadían; para validarla después de cualquier rechazo percibido de parte de desconocidos que yo ni conocía (que cosa cabrona cuando lo pienso ahora) para mimarle el ego cuando se sentía poco atractiva ante los ojos del pendejo que la atendió en el gas station.
Yo pude haber puesto un límite a cuánto me confiaba o se apoyaba en mí. Pude haberle comunicado que si éramos solo amigos con derecho, entonces yo solo tenía cierta capacidad. Que no se sentía recíproco ser su terapeuta de su mente llena de mierda o jodida.
También pude haberme ido en cualquier momento. Pero yo escogía quedarme en esas situaciones, a pesar de las señales que obviamente siempre las veía, las veo y las voy a ver. Quizás pensaba que esas señales eran lo suficientemente ambiguas para ser negociables. O que solo le estaba dando el beneficio de la duda.
Además, yo escogía ver a las mujeres por quien yo quería que fueran, por quien podrían ser algún día, y por quien a veces eran en lugar de verlas por quienes eran por completo y en el momento presente y esa es mi más grande defecto o era ????
Cuando vemos a otros por su potencial, por muy inocente o bien intencionado que sea nuestro ocultamiento voluntario de la realidad presente, pagamos un precio.
La inconsistencia y la falta de disponibilidad me atraen menos mientras más viejo me pongo y más sano de mis traumas pasados. Los juegos hasta me están empezando a dar repelús, cosa que antes no pasaba.
Cuando alguien muestra señales de eso, noto que mi interés se empieza a enfriar. Por otro lado, cualidades como la consistencia, la determinación y la sinceridad me atraen mucho más ahora, y he aprendido a sostenerme de ello.
En mis cuarentaytantos años ya no me parece sostenible la montaña rusa emocional de una dinámica ansioso-evitativo. Yo quiero algo más tranquilo.
Espero una conexión que me quite peso de encima no una que añada más estrés a un mundo que ya tiene bastante con el suyo. Una en la que ambos seamos espacio seguro para el otro. Creo que eso es lo que todos merecemos, siempre y cuando también estemos dispuestos a poner de nuestra parte.
En general, tener una mentalidad más selectiva significa que quizás te quedes en standby más años de lo que imaginaste y más en el ambiente al que soy portavoz y residente de el mismo porque es cierto que en el mercado de las citas hay mucha gente cuyos traumas y defensas son incompatibles con los nuestros. Creo que probablemente siempre será así.
Aún así, cuando me imagino todo el dolor de corazón que me ahorro, es una forma de pensar que me parece correcta. La idea ahora de ser arrastrado de nuevo a otro ciclo de esperanza fugaz y optimismo, solo para ser perforado por fragmentos de decepción que te cogen de sorpresa, me inquieta más que la idea de quedarme sin personas sostenibles por el momento aunque la que tengo es mi base.

Screenshot
Y no solo eso, también me entristece. La tristeza que siento es por cada persona que alguna vez quedó atrapada en el mismo ciclón emocional. No puedo evitar pensar que es un desperdicio de energía tan enorme. Energía que se podría usar para vitalizar tanto el mundo exterior como nuestras propias vidas o construyendo amor extra.
No volvería así dije a seguir el caminito de migajas hacia el corazón de otra persona cuando me aleja tanto de la integridad del mío.
Y cualquiera que haya pasado por experiencias similares los animo a que mantengan la esperanza de que un día, una persona o varias no importa (saben cómo soy) que merezca su amor llegará a sus vidas y se cruzará en su camino. Hasta entonces, recuerden que se tienen a ustedes mismos. Valórense, trátense bien, y dense cuenta de que valen más que andar detrás de nadie. Merecen poner los pies en alto y dejar que alguien les corra detrás o mejor aún, que se encuentren a mitad de camino.
Leave A Comment
You must be logged in to post a comment.